Apropósito del aborto

“Una esfera ebúrnea golpea las paredes del alma
Y hay un grito, y nadie.
Sólo Amalia
Y eso que se hace y se deshace
En el hemisferio sur de la inocencia”

Escribí este poema a los 19 años, o antes, cuando escuché por primera vez la historia de una de mis amigas cercanas que había abortado clandestinamente por un ‘descuido’. La constante: la soledad, el desamparo, la culpa.

Personalmente me cuesta creerle a una mujer cuando dice que fue “lo mejor” haber abortado. Lo mejor a nivel social, sí, pero a nivel personal o psicológico, lo dudo. El sufrimiento físico y mental no se supera, se los digo por que conozco a más de 5 mujeres que por múltiples condiciones sociales (no de salud) se practicaron un aborto. Normalmente la melancolía nunca desaparece, muchas veces su primer difunto, su primer duelo… a veces interminable.

Pero esa culpa y ese duelo se vivieron en soledad. Si alguien las hubiera apoyado, si la sociedad aceptara que es mejor para ella y para el mundo no tenerlo, talvez no habría tantas mujeres infelices por ahí, llorando a escondidas, evocando dolores.

Sin embargo, siempre diré que el hijo llegue al mundo o no siempre se tiene. Se tiene en la cabeza, en el corazón, en la memoria. Yo, perdónenme, preferiría tenerlo en los brazos que tenerlo como un recuerdo doloroso y aveces sangriento. Claro está que si fuera víctima de una violación o mi vida y la de mi hijo corriera riesgo, elegiría por mi y por la sociedad. No lo tendría. (Y sólo por estos casos especiales saldría a marchar, gritar, acampar, actuar en contra de una ley que me lo impida).

Creo que hay que pensar en el futuro personal cuando se tiene sexo con alguien sin protegerse, no cuando ya hay una mórula viviente ejerciendo uno de los fenómenos más increíbles que la naturaleza pueda hacer. Pero… ya no somos animales y eso del milagro de la vida es una historia muy romántica.

No conozco a ninguna mujer que haya olvidado el dolor en su vientre, la cantidad de sangre, en el baño, en las cobijas, en la camilla, los sonidos, las tijeras o el tarro de basura junto al lugar clandestino. Pero sí, todas consideraron que fue la mejor decisión porque se sintieron autónomas, libres, eligieron su dolor.

Creo que si se decide tener sexo sin cuidarse, la responsabilidad se debe asumir desde ahí no después. Prefiero pensar en el el derecho a no embarazarse, que en el derecho a interrumpir un embarazo… que se pudo prevenir.