“Una idea carece de interés únicamente cuando, además de ser una falsedad, es una mentira, o dicho de otro modo, cuando es subjetivamente falsa. Y todas las ideas que aceptamos en virtud de intenciones utilitarias o empujados por el hábito y la tradición, son en ese sentido, mentiras, ficciones…
… Llamamos farsas a aquellas realidades donde se finge la realidad. Esto supone que en la relidad distinguimos dos planos: uno, externo, aparente, manifestativo; otro, interno, sustancial, que en aquel se manifiesta. Tiene aquella realidad la misión ineludible de ser expresión adecuada de esta, sino es farsa. Tiene esta realidad interna a su vez la misión de manifestarse, exteriorizarse en aquella, si no es también farsa.
Ejemplo: Un hombre que defiende exuberantemente, unas opiniones que en el fondo le traen sin cuidado es un farsante; un hombre que tiene realmente estas opiniones, pero no las defiende ni patentiza, es otro farsante.
Según esto, la verdad del hombre estriba en la correspondencia exacta entre el gesto y el espíritu, en la perfecta adecuación entre lo externo y lo íntimo”
José Ortega&Gasseet - El Espectador
1927